Capítulo 8: Mis Experiencias en la Fibrosis Quística. Episodio 9: Internación Consecutiva (No Perder la Cabeza, Ni la Razón)

Nos hacemos maestros en esto de manejar una internación en el hospital. Ya sabemos las chances y opciones que tenemos por hacer, mientras estamos en la internación en el hospital.

Pero, ¿Qué sucede cuando recibimos el alta y a los pocos días volvemos a internarnos en el hospital?

Bueno, un factor siempre a tomar en cuenta, es cuánto tiempo se fue en la primera internación. Ya que, según esto, la segunda internación podría marcar una tendencia a hacerse más o menos pesada.

En una ocasión, salí de alta y a los 10 días estaba de vuelta internado. Se sumó una crisis más intensa y dramática respecto a la primera, lo cual, desde luego, haría de mayor intensidad la “perturbación” psicológica de la segunda internación.

Entonces… ¿Qué hacer? Bueno, algo que aprendí, es valorar ese tiempo para conectarme con la mente y la espiritualidad que sé que tengo.

Y es que perdí la paciencia a los 8 días de esta segunda internación, me sentí realmente mal, atado, encerrado, sin salida (sumado a diversos problemas personales que seguí sin resolver durante la internación). Es decir, tenía un embrollo fuerte en mi cabeza y esto, comenzaba a afectar a mi tiempo en el hospital.

Cada día se hacía más lento y tedioso, la comida se me hacía tan insípida y repetitiva, que deseaba, aunque fuera comer algo de mi hogar (chiste).

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Pero es como comento, esta experiencia me ayudó a conocer algunos aspectos de mí que desconocía o que, simplemente, tenía muchos años en no mostrar (aspectos negativos).

Lo anterior, me hizo pensar que, quizá, no sea el único que lo ha vivido (el comenzar a perder la cabeza), pero de verdad, algo que funciona a recapitular el orden en la mente, es conectarse con uno mismo a través de la meditación, del contar con tranquilidad del 1 al 100, encontrar ahí la serenidad y saber que lo malo pasará.

Cerraba mis ojos, ponía mis auriculares y ponía mi música al azar, volumen suave, visualizando algún recuerdo placentero, ya fuera un lugar, un momento, una persona o, los tres elementos juntos.

Después, seguía con los ojos cerrados, visualizaba ahora mi futuro (un futuro mejor, desde luego), imaginando todo aquello que haré en un futuro mucho mejor, que éste presente mío.

Cada día me adentré más en ello, pensando en el valor de la espiritualidad, yo me sentí mucho mejor, más tranquilo, me sentí conectado conmigo mismo y con mi organismo.

Una internación no es cualquier cosa y menos cuando es una segunda vuelta en un tiempo demasiado cercano a la primera internación, es por eso que es fundamental no dejar que la mente se caiga, porque el precio o costo puede ser demasiado elevado.

Diego E. Salinas

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